Relatos - José Luis Torres Vitolas

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Relatos

Ley


Los Farabutto habían huido con todas las riquezas del monarca. Poco se podía hacer ya, salvo tratar de recuperar al gobernante. Había sido bueno, noble y sabio. Antes del incidente, incluso era común verlo pasear alegre entre la plebe. Tenía el optimismo de aquel que tiene fe en sí mismo y fe en los demás.  Después, no. De nada sirvió el esfuerzo de la gente por devolverle la autoestima. Pronto, la ira y el odio empezaron a fluir en sus venas y su corazón quedó negro, sediento de una venganza difícil de alcanzar. Ordenó la persecución —no la captura— de los delincuentes hasta los confines de la Tierra para que huyesen por el resto de sus días. Y, con respecto al niño, todos en el reino prefirieron olvidar lo que le hizo. No lo mató, pero sí se complació con el resultado. Después del terrible castigo, en su rostro, en su cuerpo y en su habla llena de taras, quedó imborrable la nueva ley: nadie debía insinuar jamás que nunca había existido aquel traje invisible del emperador.


 
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